
Nuestra Historia

Cómo todo comenzó
Mucho antes de ser madre, comencé a pensar en la educación que algún día recibirían mis hijos. Una predicación sobre el llamado a educar a nuestros hijos dejó una pregunta en mi corazón: ¿qué sucedería si entregáramos esa formación a otros y después nos sorprendiéramos por aquello en lo que nuestros hijos se convirtieran?
Aquella inquietud permaneció conmigo. Más adelante, mientras buscaba cómo podría hacer realidad ese deseo, comencé a conocer familias que educaban a sus hijos en casa. Fue entonces cuando escuché por primera vez el nombre de Charlotte Mason.
Comencé a buscar sus libros en la biblioteca, uno por uno, y a estudiarlos por mi cuenta. Mientras más aprendía, más me enamoraba de su visión del niño como una persona creada por Dios, de los libros vivos, de la narración y de una educación que alimenta la mente, el corazón y el alma.
Sin saberlo todavía, aquel camino estaba preparando el terreno para la manera en que algún día viviría mi propia maternidad.
Charlotte Mason y la educación en el hogar
Cuando descubrí a Charlotte Mason, encontré mucho más que un método educativo. Encontré una manera de mirar al niño que resonaba profundamente con mi propia convicción de que cada niño es una persona creada por Dios, con una mente propia y una capacidad natural para conocer y aprender.
Comencé a estudiar sus ideas a través de sus libros, uno tras otro, y fui descubriendo el valor de los libros vivos, la narración, los hábitos y el contacto con la naturaleza. Me enamoró especialmente la manera en que su filosofía busca ofrecer al niño una educación amplia, rica y centrada en Cristo.
Aquello que comenzó como un interés por la educación en el hogar terminó transformando mi manera de entender la maternidad y el aprendizaje. Poco a poco, la visión que estaba estudiando comenzó a convertirse en la visión que quería llevar a mi propio hogar.

La maternidad como vocación
Convertirme en madre cambió también mi manera de mirar el tiempo, el trabajo y aquello a lo que quería entregar mis días. Poco a poco fui comprendiendo que criar, enseñar, leer una y otra vez el mismo cuento, formar hábitos, hablar de Jesús y construir la cultura de nuestro hogar no eran las pequeñas cosas que hacía mientras esperaba hacer algo más importante. Eran parte de la obra que Dios había puesto delante de mí.
Eso no significa que todos los días se sientan trascendentales. La mayor parte de la maternidad ocurre precisamente en lo ordinario: comidas, juguetes, libros abiertos, preguntas repetidas, abrazos, correcciones y oraciones dichas junto a una cama. Pero he llegado a creer que es justamente allí, en esa fidelidad cotidiana que tantas veces pasa desapercibida, donde estamos haciendo una obra que alcanza mucho más allá de nosotras.

Sobre mí
Mi nombre es Mayra, soy puertorriqueña y vivo actualmente en Massachusetts. Soy esposa y mamá de un niño pequeño.
Soy abogada de formación, pero con el tiempo fui descubriendo que el trabajo que más profundamente quería hacer no estaba en una oficina, sino en casa: criar a mi hijo, acompañarlo en sus primeros años y asumir con intención la educación que Dios me ha confiado.
Mi fe ha sido una parte central de ese camino. Creo que la maternidad es mucho más que cuidar de nuestros hijos día a día; también es una oportunidad de servir a Dios precisamente desde el lugar en el que Él nos ha puesto.
Cuando descubrí a Charlotte Mason, encontré una manera de pensar sobre la educación que resonó profundamente conmigo: su visión del niño como una persona, su énfasis en los buenos hábitos, los libros vivos, la naturaleza, la belleza y, sobre todo, una educación que reconoce a Dios como el centro de todo.
Desde entonces, he continuado leyendo, estudiando y buscando cómo llevar estas ideas a nuestra vida cotidiana, especialmente durante los primeros años, cuando tanto aprendizaje ocurre simplemente al vivir juntos.
Hoy comparto aquí parte de ese camino: lo que estoy aprendiendo, los libros que vamos leyendo, las cosas que hacemos en casa y los recursos que voy creando para otras madres que, como yo, desean educar a sus hijos con fe, propósito y mucho amor.
Gracias por estar aquí.
— Mayra

Nuestro Supremo Llamamiento
El nombre de este espacio nació de unas palabras de la Escritura que se quedaron conmigo: “…el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14).
Con el tiempo, esas palabras comenzaron a resonar de una manera muy particular en mi corazón como madre. Pensaba: entre tantas cosas a las que podemos entregar nuestra vida, ¿qué llamado puede ser más precioso que criar hijos para el reino de Dios?
No porque la maternidad sustituya nuestro llamado en Cristo, sino porque puede convertirse en uno de los lugares más profundos donde lo vivimos. En las historias que leemos, las oraciones sencillas, los hábitos que formamos y esos pequeños actos de amor que nadie más ve, estamos sembrando para la eternidad.
De ahí nace Nuestro Supremo Llamamiento: de mi deseo de vivir la maternidad y la educación de mis hijos no como algo secundario a una obra más importante, sino como la mision más importante que Dios me ha asignado.
Lo que encontrarás aquí
Educación viva
Reflexiones sobre Charlotte Mason, libros vivos, narración y una manera de educar que cultiva la mente y el corazón de nuestros hijos.
Vida en el hogar
Reflexiones sobre la vida familiar, la formación de hábitos y las pequeñas prácticas que ayudan a cultivar un hogar centrado en Cristo.
Fe y aliento
Reflexiones bíblicas y palabras de ánimo para madres que desean vivir su maternidad con fe y propósito.
